escritura

La historia de Cecilia o 4 clichés que utilicé en mis primeras historias.

¡Hola, abracadabrantes!

Hace unas semanas, una amiga y yo rememoramos una historia que escribimos juntas (y que nunca llegamos a acabar). Por si os interesa, nuestra historia se llamaba No hay tregua en el amor y era aun más espantosa de lo que parece por el título. Estuvimos hablando de todos los clichés que aparecían en nuestro libro y me di cuenta  de que eran algo que tenían en común todas mis primeras historias.

El caso es que después de esa divertidísima conversación se me ocurrió reunir esos “clichés” o “tópicos” que compartían todos mis primeros intentos de libros en una entrada para el blog, aprovechando la historia de una protagonista que creé por esas fechas…

La historia de Cecilia o  4 tópicos que utilicé en mis primeros libros

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  1. No hay mejor manera de comenzar una historia que con el sonido de un despertador.

Eran las seis y cuarto de la mañana de un lunes bastante especial. Cecilia dormía plácidamente en su cama. Las persianas estaban bien bajadas, impidiendo que cualquier atisbo de luz se colara en la habitación. Entonces, algo interrumpió su descanso.

—Riiiing, Riiing

Cecilia se movió en su cama, inquieta.

—Riiing, Riiing.

El despertador siguió sonando hasta que la muchacha movió el brazo para apagarlo. Cecilia resopló. <<Madrugar un lunes debería ser ilegal>>, pensó. Resignada, la chica se levantó de la cama. Le gustase o no, aún tenía que prepararse para su primer día en el nuevo instituto.

  1.  Presentar a la (preciosa) protagonista haciendo que se mire en un espejo es una grandísima idea.

Antes de cruzar la puerta de casa Cecilia se pintó los labios frente al espejo con un carmín de color rosa claro. La chica se miró fijamente, como si quisiera asegurarse de que seguía teniendo dos ojos, una nariz y una boca. Seguía siendo la misma Cecilia de siempre. Tenía el cabello de color rubio, liso y lacio; un flequillo recto disimulaba su gran frente. Sus enormes ojos azules parecían más cansados de lo normal. Su pequeña y respingona nariz, cubierta de pecas, estaba un poco roja y había tratado de disimular la espinilla que le había salido en la barbilla con algo de maquillaje.

Cecilia suspiró. Su cara seguía siendo un desastre. La muchacha miró la hora y abandonó la casa rápidamente.

  1. Chica conoce chico. El flechazo es instantáneo.

Cecilia llegó al instituto unos minutos más tarde de lo previsto. El centro estaba lleno de alumnos que cruzaban el pasillo de un lado a otro. La muchacha revisó el papel en el que había apuntado la dirección en la que se encontraba su clase. Tenía que subir al segundo piso, pero no sabía dónde estaban las escaleras.

Entonces, Cecilia sintió como algo… o alguien la golpeaba con fuerza. La muchacha tropezó y se cayó al suelo, perdiendo el papelito que llevaba en la mano. Cecilia se levantó, algo aturdida, y entonces se encontró con él.

Era un chico alto, bastante más alto que ella. Era moreno, con el cabello de color negro y rizado. Llevaba un jersey de color rojo, a través del cual se podía apreciar un cuerpo al que habían dedicado muchas horas de gimnasio. Sus labios eran carnosos y de un color rosado. Y sus ojos… el chico unos ojos grises misteriosos y tan profundos que Cecilia pensó que podría sumergirse en ellos.

—Lo siento—dijo el chico—. ¿Eres nueva?

Cecilia asintió, incapaz de articular palabra. Él sonrió y se agachó para recoger el papel que se había caído en el suelo.

El timbre sonó.

—Ven—dijo el chico de los ojos grises cogiendo a Cecilia de la mano—, te acompañaré a tu clase.

6. En esta historia la familia de la protagonista no pinta nada.

Los señores García, padres de una preciosa hija única, se encontraban mirando la tele en el sofá de su casa. Estaban haciendo una maratón de episodios de Breaking Bad y no podían perdérselo.

—Cariño—le dijo la señora García a su marido—, ¿sabes dónde está Cecilia? Llevo un par de días sin verla…

El señor García bajó un poco el volumen del televisor y se encogió de hombros.

—Creo que algo de que se iba con su nuevo novio a luchar contra los vampiros y los hombres lobos que amenazaban con destruir el planeta…

—Ah. Sí. Creo que me lo comentó—dijo la señora García—. Voy a por una cerveza, ¿quieres una?

—¡Claro!—dijo el señor García—. Gracias, cielo.

 

Y estos son los cuatro clichés principales que aparecían en prácticamente todas mis primeras historias y que ahora no volvería a utilizar.

Ahora, contadme. ¿Qué clichés utilizabais en vuestras primeras historias?

Raquel

 

 

 

 

 

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